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jueves, 25 de agosto de 2016

Libros: La mujer justa (Márai)

La mujer justa
de Sándor Márai
(ed. Salamandra)

No fue fácil esperar hasta terminar de leerlo para poder recomendarlo. Simplemente léanlo. Normalmente no vería con malos ojos que esperaran una segunda opinión pero éste no es el caso. Cómprenlo y léanlo.

Hasta la siguiente entrega.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Libros: La tierra pródiga (Yáñez)

La tierra pródiga
de Agustín Yáñez
(Fondo de Cultura Económica)

Debo a la conjunción de un lector y de un psicoanalista en la misma persona el descubrimiento de este autor. En otras palabras, quien me recomendó por primera vez leer a Agustín Yáñez es un gran lector que en sus ratos de ocio se dedica al psicoanálisis (o tal vez al revés... no recuerdo). El hecho se produjo hará unos seis años. Caminaba mientras leía y el personaje en cuestión me soltó a quemarropa lo siguiente: "Tienes que leer a Yáñez. Escribe magníficamente". ¿Por qué lo escuché? Entre otras razones, porque sé que se trata de un Recomendador Tipo I, confiable y consistente. A muchos nos gusta recomendar lo que hemos leído o lo que estamos leyendo, así que a lo largo de la vida vamos clasificando a la gente en recomendadores de los siguientes tipos:

  1. aquéllos a los que haremos caso y,
  2. aquéllos cuyas sugerencias evitaremos sin confesarlo.
Espero que al menos para algunos de quienes nos leen en este momento entremos en la primera categoría.

Agustín Yáñez forma parte de ese enorme grupo de genios que en nuestro país (como en otros) se dedicaron más o menos a la política y más o menos a la literatura. Se desempeñó, entre otros cargos, como secretario de educación y gobernador de su estado... Compartieron ese modus vivendi escritores de la talla de José Vasconcelos, Alfonso Reyes, Martín Luis Guzmán, Rodolfo Usigli, Carlos Fuentes, Octavio Paz et al. (muchos como diplomáticos, cuando aún se enviaba como representantes en el extranjero a lo más decente que teníamos...). ¿Por qué viene esto a cuento? En parte para echarle leña al fuego que calienta el caldo de los tiempos pasados siempre fueron mejores: tengo la impresión de que el desprecio de la cultura del que han hecho gala últimamente nuestros funcionarios públicos es más un producto del calentamiento global que algo constitutivo de la clase política nacional. En fin.

Después de escuchar la recomendación, decidí leer a Yáñez y agradecí en silencio la sugerencia. Pasaron unas pocas páginas para darme cuenta de que en efecto escribía magníficamente. Poco o nada que pedirle a grandes como Onetti, Asturias, Carpentier u otros. Las novelas de Yáñez son una ver-da-de-ra delicia. El pretexto de esta ocasión fue La tierra pródiga, pero también hay que leer Las tierras flacas, Al filo del agua y La creación. Y es un gran pretexto para abordar a otros libros imprescindibles de nuestras letras nacionales: La parcela (de López Portillo y Rojas), La negra angustias (de Rojas González), La canoa perdida (de Rubín), El hombre de la situación (de Payno) e incluso La rebelión de los colgados (de ese ente extraño que muchos conocemos como Bruno Traven). Un verdadero paseo por lo que Antonio Castro Leal llamaba "los temas nacionales".

Me gustaría platicar un poco sobre la trama de la novela, pero no lo haré. Prefiero limitarme a decir que la recomiendo sin reservas. Últimamente prefiero leer sin saber de qué van los libros y sin leer la sinopsis de la contraportada. Así la lectura se convierte en una sorpresa permanente y ése es el regalo que le doy a mi cerebro a cambio de todo lo que hace por mí. Sugiero que lo intenten.

Hasta la entrega siguiente.

domingo, 10 de enero de 2016

Libros: Trainspotting (Welsh)

Trainspotting
de Irvine Welsh
(ed. Anagrama)

Llegamos al tercer año de este foro. Es hora de presentarlo en sociedad. Nuestra meta para el segundo año era tener cuando menos el mismo número de visitas que el primero (2500), pero en un gesto de simpatía con la Secretaría de Economía, nos hemos quedado por debajo de las cifras esperadas. Estos datos contrastan con los recientemente publicados en la Encuesta Nacional de Lectura, que muestran que en México hemos pasado de leer menos de tres libros al año a poco más de cinco. Sería interesante escuchar a los responsables de la encuesta aventurar una interpretación sobre por qué si la gente lee más nuestro foro tiene cada vez menos visitas. Espero que sea porque al leer una entrada se van con varias recomendaciones y además las comparten con sus seres queridos a la hora de la cena...

...que por cierto no sería el mejor momento ni lugar para compartir la recomendación que hoy les tenemos. Es muy probable que muchos hayan visto primero la excelente adaptación que Danny Boyle (a quien recordamos por Tumba al ras de la tierra, La isla, o ¿Quién quiere ser millonario?) llevó al celuloide. Así me pasó a mi. No tenía idea sobre la literatura de Welsh, aunque ya había visto algunas de las películas de Boyle. A diferencia del lugar común (el libro siempre es mejor que la película), aquí tenemos dos cosas muy buenas, cada una en su dominio. Welsh estuvo bastante involucrado en la adaptación de su novela al cine (al grado de que actúa en un pequeño papel en la película), y el resultado es una magnífica película sobre una excelente novela.

El origen del críptico nombre de la novela aparentemente está en un pasatiempo que consiste en recolectar información sobre matrículas de trenes para compartirla y de alguna manera coleccionarla. Algo que visto desde fuera puede parecer tan absurdo como coleccionar tarjetas de Pokemon. Y es esa la impresión que da desde fuera toda esta colección de estampas de la vida cotidiana de un grupo de afectos a la heroína y otras drogas fuertes. Esta novela es un clavado al mundo del abuso de sustancias, sin el habitual tono moralizante o pontificante que suele impregnar los libros sobre el tema.

Aunque es recomendable por muchas razones, quiero resaltar una: el uso del lenguaje. En otras entradas hemos insistido sobre la maravilla de tener al castellano como lengua materna: uno puede leer directamente a gente como Cortázar, Fuentes, Vargas Llosa, Donoso, Rulfo, José Agustín, etc. Pues aquí tenemos un libro que se podría usar en el mismo sentido para la lengua inglesa: los que tienen el inglés como lengua materna tienen la fortuna de poder leer a Welsh directamente, sin traducción. Hay autores que son especialmente intraducibles. Pienso en alguien que tratara de traducir al inglés ¿Cuál es la onda? de José Agustín, Chin chin el teporocho de Ramírez o ya entrados en cosas rudas, las Memorias de un Guacarróquer de Armando Vega-Gil. Eso mismo ocurre cuando alguien trata de pasar otras cosas al español: el Finnegans Wake de Joyce, Ferdydurke de Gombrowicz (gracias a los dioses que tenemos una traducción en la que él mismo colaboró), La cantante calva de Ionesco, o Zazie en el metro de Queneau. Muchos traductores desistirían. Algo así ocurre al menos en parte con Trainspotting de Welsh.

Si leen Trainspotting en español, leen las historias (y créanme que vale la pena). Si leen el original que está escrito en una cosa que en momentos parece inglés, leen las historias pero narradas en el lenguaje de los protagonistas. Es el doble de placer por el mismo precio. Mi primer contacto con esa lengua extraña fue a través de Acid House, que en momentos es realmente incomprensible. Hay que leer y leer, y leer en voz alta para encontrar qué es lo que están diciendo los personajes. Pero una vez que lo logran, es una epifanía.

A veces la mejor razón que podemos pensar para aprender inglés es "Que es importante". Razón que no funciona por imprecisa y abstracta. Para aprender algo se requiere una razón concreta. Leer a Welsh me parece una razón suficiente para cerrar esta ventana, ponerse el suéter y correr a las escuelas de inglés que están sobre Av. Madero (no sin antes ordenar vía internet un ejemplar de Trainspotting en inglés). No se arrepentirán nunca jamás. Pero si son anglófobos o el inglés simplemente les choca, opten ahora mismo por alguna otra de las recomendaciones que hemos cometido a lo largo de estos dos primeros años de vida foril. Que esperamos sean los primeros de muchos más.

Hasta la próxima entrega.

domingo, 22 de noviembre de 2015

Libros: La historia sin fin (Ende)

La historia sin fin
de Michael Ende
(Ed. Alfaguara)

En un capítulo de Los Simpson, el abogado Lionel Hutz hace un chiste sobre un lugar tipo Todo lo que pueda comer: "Es el caso más flagrante de publicidad engañosa que he visto desde La historia sin fin". Es un buen chiste, sin duda, si uno sólo vio la película. Pero para los que tenemos la fortuna de haber leído el libro, el chiste pierde sentido: sabemos que en efecto ésta es una historia que no tiene fin, en más de un sentido...

Muchas veces hemos escuchado aquello de que un libro clásico es distinto cada vez que lo leemos. Esto también es estrictamente cierto. Un buen libro tiene una buena dosis de ambigüedad, y los huecos que deliberadamente ha dejado quien lo escribió los rellenamos los lectores con lo que podemos en ese preciso momento de nuestra vida. Así, dado que una lectura cuidadosa suele cambiar nuestra manera de pensar, cada vez que releemos un libro somos distintos, y el resultado es distinto. Pero no sólo es eso lo que ocurre con este libro. Ese es apenas uno de los niveles en los que esta historia no tiene fin.

Antes de entrar de lleno a la recomendación, me detengo en una de las vías por las cuales un libro se convierte en lo que Umberto Eco llama una obra abierta: la relación entre el autor y la obra. Esta relación la explora Borges en muchos textos: desde el maravilloso Pierre Menard, autor del Quijote, en el que entendemos que tanto el Quijote que escribió Cervantes como el de Menard son dos libros completamente distintos, a pesar de ser idénticos; en el Homenaje a César Paladión, Borges y Bioy Casares llevan el razonamiento a los terrenos del absurdo; y en Kafka y sus precursores, Borges nos hace ver cómo un nuevo autor influye en los autores que le precedieron.

Pero en este libro sin fin, Michael (léase Mijael) Ende va más allá: además de que la ambigüedad es una fuente que expande a la historia, dos niveles adicionales hacen que la historia simplemente no se acabe. No cometeré la gaffe de ventilarlos. Tienen que leer el libro. Pero como sugerencia, por mera precaución, no lean el libro estando de pie. Como bien lo escribió el maestro, es mejor leerlo sentado, acostado, recargado, aovillado... Se darán cuenta de que la fantasía de Ende es muy distinta de aquélla a la que estamos acostumbrados. Y si les gusta lo suficiente como para seguirlo leyendo, lo constatarán después de devorarse Momo, El espejo en el espejo, La prisión de la libertad (con un relato que me recuerda tanto a Tlön, Uqbar, Orbis Tertius...). Todo magnífico, yomi, yomi.

Era inevitable que tarde o temprano recomendáramos este libro. Y aunque no recibo comisión de la editorial, sí les recomiendo que NO lean una versión electrónica. No puedo decir por qué, pero hay una buena razón.

Hasta la siguiente entrega. 

viernes, 13 de noviembre de 2015

Libros: El nombre de la rosa (Eco)

El nombre de la rosa
de Umberto Eco
(Ed. DeBolsillo)

Tengo la impresión de que esta reseña ya la había escrito antes. Es más, tengo la impresión de que esta frase ya la había escrito antes. Si ese es el caso, les recomiendo que lean la reseña original. De lo contrario, no me explico por qué había dejado pasar tanto tiempo sin recomendar este verdadero monumento.

Umberto Eco fue conocido como especialista en semiótica mucho antes de escribir esta novela (su primera). No es imposible que alguno se esté preguntando ¿Qué demonios es la semiótica? ¿Es lo mismo que la semiología? Si ese es su caso, los remitimos a sus más que clásicos Tratado de semiótica general y La estructura ausente. Libros interesantes y densos como pocos, maravillosos para aquellos a los que les gusta hurgar en las profundidades del lenguaje.

Para la gente que estudia psicología o sociología, la primera aproximación a Eco suele ser a través de su Apocalípticos e Integrados, estudio ineludible sobre la cultura masificada (de la cual también habla largo y tendido en Obra abierta, El superhombre de masas y La estrategia de la ilusión). Ese fue el primer libro suyo que pude leer, pero a pesar de que era muy bueno, no me preparó para lo que encontraría al leer El nombre de la rosa...

Me gustaría decir que la trama es sencilla, pero... no lo es. El argumento se relaciona con alguien que tiene que investigar un asesinato que ha ocurrido en un monasterio, y además se basa en documentos hallados por el mismísimo Eco. La complejidad de la trama me recuerda algunas de las novelas largas de Dostoievski como Los hermanos Karamazov o El adolescente, o también Guerra y Paz de Tolstoi (que dicho sea de paso, no me he atrevido a leer), o incluso Los sonámbulos de Hermann Broch (que no pienso leer hasta que pueda conseguirla).

Confieso que son sólo dos las novelas de Eco que he leído: El nombre de la rosa y El péndulo de Foucault. Y aunque tengo otras en lista de espera que además han sido amplia y frecuentemente recomendadas por conocidos y adláteres, seré fiel al principio (no siempre respetado) de limitarme a recomendar libros que he leído de primera mano. Lean esos dos libros A-HO-RA. Y aprovecho para recomendarles un ensayo de Eco poco conocido en el que se explora la función de control ideológico que ejercen los pantalones de mezclilla en quien los usa: La filosofía lumbar.

Aunque hay una adaptación de El nombre de la rosa llevada a la pantalla grande por Jean-Jaques Annaud (a quien seguramente recuerdan por la adaptación de El amante de Marguerite Duras) y además protagonizada por el mismísimo James Bond, la sugerencia (que ya veían venir) es que por supuesto primero lean el libro. La película se ve obligada a prescindir de gran parte del aparato filosófico que da cuerpo a la historia.

La recomendación de siempre: lean a Eco (no su Cómo se escribe una tesis) tanto en su vertiente narrativa como semiótica. Les sorprenderá que un humano pueda lograr algo como lo que él ha hecho. Y tal vez con eso recuperarán la fe en la especie.

Hasta la siguiente entrega.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Libros: El cortejo nupcial helado en la nieve (Kadare)

El cortejo nupcial helado en la nieve
de Ismail Kadare
(ed. Alianza)

Estamos a sólo unas horas de que se anuncie que el Premio Nobel de Literatura se otorga a Ismail Kadare (si acierto, seré visto como un moderno Nostradamus; si no acierto, caeré en el olvido al lado de mi predicción). Evidentemente, no es que sea quien más lo merece entre los principales candidatos, pero es quien yo prefiero (una ojeada al Top Diez de los candidatos de este año deja en claro que ninguno merece el premio más que los otros; como siempre, debe ser una decisión difícil para los miembros de la academia ya que elegir a uno implica no elegir a grandes, grandes escritores). Fusilándome de manera escandalosa a un presentador del premio Óscar a la mejor película, diré que si gana, Kadare se encontrará al lado de García Márquez, Camus y Martinson; si no gana, acompañará a Borges, Calvino y Gally Companys.

Aunque se suele asociar a Kadare con la narrativa de las bondades del Estado Todopoderoso (sus relatos nos recuerdan las novelas de Herta Müller, El cero y el infinito de Arthur Koestler, Madre de Reyes de Kazmierz Brandys y toda la literatura del Gulag, empezando por las escalofriantes memorias de Evgenia Ginzburg recogidas en El Vértigo), los temas de sus novelas abarcan más, mucho más. En sus páginas podemos encontrar la terrorífica referencia a un no improbable Manual para la Conservación de las Cabezas (El nicho de la vergüenza), una idea de lo que implicó para personas del siglo pasado el primer contacto con los medios para registro y reproducción del sonido (El expediente H), narraciones sobre el absurdo de la guerra (El año negro) y hasta el fantástico ministerio al que los ciudadanos debían, por ley, asistir para contar lo que habían soñado (El palacio de los sueños).

He leído varias (menos de las que me gustaría) obras de Kadare, pero creo que una de las que me ha dejado imágenes más persistentes es El cortejo nupcial helado en la nieve. En el contexto de un régimen totalitario como los que predominaron en la Europa oriental del siglo pasado, se narra un episodio en el que (por ponerlo de algún modo) se da orientación a los disidentes. Disidentes que, es necesario decirlo, poco tienen que ver con los que (patrocinados o no por el sistema) vemos cada año empecinados en desacreditar toda iniciativa inconformista.

A Kadare, al igual que a muchos otros escritores de la Europa oriental, se le exilió de las bibliotecas durante muchos años. El régimen albanés le hizo lo mismo que a Milan Kundera le hiciera el régimen de la República Checa, y a muchos otros los regímenes soviéticos (no cito los casos de occidente, pero por supuesto que tenemos los nuestros). Muchos de estos autores terminaron refugiándose y escribiendo en Francia, Inglaterra o EEUU. O terminaron en sus países, condenados a dedicarse a otra cosa (tema que también narra Kadare en los relatos de Frente al espejo de una mujer. A este respecto, es interesante leer la valiente (parece un poco suicida) carta que Yevgueni Zamiatin dirigió al camarada Iósif Vissariónovich en la que pedía el exilio antes que la prohibición de escribir (lo cual consideraba una pena de muerte para cualquier escritor).

En fin, un gran autor, grandes libros (pequeños en extensión). Algo que no estaría bien dejar pasar. No sería adecuado. Y menos ahora que ha recibido el premio Nobel.

Hasta la siguiente entrega.

martes, 18 de agosto de 2015

Libros: Los detectives salvajes (Bolaño)

Los detectives salvajes
de Roberto Bolaño
(Editorial Anagrama)

Debo al ahora aparentemente extinto Libroclub del Instituto de Neurociencias el haber entrado en contacto por primera vez con la obra del maestro Bolaño. Sirva esta recomendación a manera de homenaje a esos pioneros que no temieron al qué dirán ni al riesgo de mermar sus bibliotecas personales, todo con tal de compartir con gente de dudosa estampa sus tesoros literarios.

Como ya terminan las vacaciones y la mayor parte de nuestros recursos monetarios irán a parar a los útiles y a textos realmente útiles, nuestra recomendación de la semana es un volumen de esos que los pueden mantener ocupados al menos durante algunas semanas (excepto a aquellos que han tomado el curso que les permite leer, comprender y disfrutar 300 páginas en 30 minutos, a través del uso de los dos hemisferios, sí, los dos hemisferios no como el resto de los mortales que leemos con un sólo hemisferio)*. Aunque las novelas de Roberto Bolaño no suelen ser tan largas, ésta, que sí lo es, es sin duda una de las mejores. La otra larga (2666) no la he leído, pero he recibido comentarios que la elogian sin medida. Y las otras que he leido las recomiendo sin dudar por un momento: El tercer Reich y Los sinsabores del verdadero policía.

Uno de los problemas de comprarse una novela de Bolaño y comenzar a leerla es que no hay manera de dejarla. Por eso las que tengo en en librero esperando su turno me provocan una especie de miedo y respeto. No puedo arriesgarme a leer una hoja o dos a menos que tenga por delante algunos días de vacaciones. Y cuando lo lean, seguramente coincidirán conmigo en que es una fortuna tener al español como lengua materna y poder leer a Bolaño directamente, sin traducción de por medio.

Y ya que andamos con lo de las novelas con lo que un tío mío llama "una buena relación peso/precio", recordamos algunos títulos que ya hemos recomendado y otros que no: La vida, instrucciones de uso (del genial Georges Perec -busquen fotos suyas en google y dirán "hay que leer a este sujeto"); las novelas largas de Dostoievski (Los hermanos Karamazov, El adolescente, El idiota); El tambor de hojalata, de Gunter Grass; La montaña mágica, de Thomas Mann y uno del que hablaremos apenas lo termine: Las aventuras del soldado Svejk, de Jaroslav Hasek.

Todos esos títulos son de volúmenes (verdaderos tabiques) que pueden parecer una pequeña inversión, pero que además de que los harán fortalecer el look intelectual a la hora de leer en la combi o en el café, les darán qué leer cuando menos para unos dos meses a ritmo moderado.

Hasta la siguiente entrega, que será de cine o de un libro pequeño o de otro libro diferente. Prometido.

* No estoy seguro de que el sarcasmo sea tan trasparente. Aclaro: leemos con los dos hemisferios. Si alguien trata de convencerlos de que leen con uno solo y que a través de un entrenamiento podrán leer con los dos, les está tomando el pelo y seguramente quiere su dinero.

viernes, 24 de julio de 2015

Libros: Que se mueran los feos (Vian)

Que se mueran los feos
de Boris Vian
Ed. Tusquets (varias colecciones)

Después de una inmerecida pausa, volvemos a las andadas. Y qué mejor que hacerlo con una muy recomendable y disfrutable novela para reír un poco durante estas vacaciones que no han estado exentas de noticias de la más diversa naturaleza.

Si quieren reir un buen rato con una historia bien armada y maravillosamente contada, Que se mueran los feos de Boris Vian es la opción para este verano salvaje.

Sobre el contenido no me detengo mucho: una historia policiaca con un humor negro, como su alma o conciencia (de usted, lector(a), sí, usted). Muy divertida, como suelen ser las novelas y relatos de Vian. Aprovechamos la recomendación para explorarla de manera estructurada en tres vertientes:

1. Es una novela que originalmente fue publicada bajo el pseudónimo de Vernon Sullivan, como algunas de las novelas de Vian. Muchísimas obras han sido publicadas de esta manera: entre las muy recomendables me vienen a la mente:

1.1. Los Cuentos de Invierno de Karen Blixen (publicados bajo el nombre de Isak Dinesen),

1.2. Los increíbles relatos policiacos de Siete problemas para Don Isidro Parodi: negrísimo y densísimo humor que escribieron a dúo Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares (publicados bajo el nombre de Suárez Lynch),

1.3. Las Obras completas de Sally Mara y Siempre somos demasiado buenos con las mujeres de Raymond Queneau (publicados bajo el nombre de Sally Mara), etc., etc.

2. Como novela policiaca con un humor sutil, para quien disfruta de los relatos que lo mantienen al borde de la silla, no podemos dejar de recomendar:

2.1. Los Relatos del padre Brown, de Gilbert K. Chesterton: historias policiacas tan disfrutables como las de Arthur Conan Doyle o las de Edgar Allan Poe, pero con un twist...

2.2. Las clasiquísimas novelas policiacas de Agatha Christie. No conozco muchas, pero las que he leído son bastante disfrutables.

2.3. Las novelas policiacas del maestro Georges Simenon. Si ustedes se dedican a la psicología no pueden dejar de leer Los anillos de la Memoria, o Los suicidas.

3. Las novelas de Boris Vian son tan heterogéneas como buenas: La hierba roja, El arranca corazones y Escupiré sobre sus tumbas son imprescindibles (las primeras que leí, ficción con un sabor único)...

Corran a la librería. Son relativamente fáciles de conseguir y si no encuentran la que aquí recomendamos, estoy seguro de que disfrutarán cualquier otra del maestro Vian.

Hasta la sigueinte entrega.

domingo, 25 de enero de 2015

Libros: El túnel (Sabato)

El túnel
de Ernesto Sabato
(ediciones varias)

No fue esta la primera novela que leí de Sabato. Tampoco es la que más me gusta de él. ¿Por qué la recomiendo entonces? Porque es magnífica y es la que comienza la serie.

Esta serie que inicia con El túnel, continúa con Sobre héroes y tumbas y concluye con Abbaddon el exterminador, la recomiendo cada vez que alguien me dice que le gusta leer cosas de miedo. El diálogo suele ser como sigue:

PERSONAJES: un alumno y un profesor.

ESCENARIO: una banca en un jardín de la facultad a mediodía. Poca gente camina alrededor. Ambos personajes en actitud relajada, atuendo informal pero limpio.

ALUMNO: oLa kE aSe

PROFESOR: Habla bien, por favor. Se dice "Hola, ¿qué hace?". Estoy leyendo.
ALUMNO: A mí me gustan las cosas de terror.

PROFESOR: ¿Quieres leer algo realmente intenso?
ALUMNO: Sí...
PROFESOR: Lee el Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago.
ALUMNO: Lo leí...
PROFESOR: ¿Y bien?
ALUMNO: ...lo leí...
PROFESOR: ¿Y bien?
ALUMNO: ...
PROFESOR: ...
ALUMNO: Pasaron varios meses antes de que pudiera dormir sin despertar a media noche.
PROFESOR: Si ya leíste ese y sobreviviste, tienes que leer la trilogía de Sabato. Es aterradora. Más aún, igual que en la novela de Saramago, lo más terrorífico es lo que tiene menos de fantasía y más de naturaleza humana.
ALUMNO: La buscaré, le compraré y lo leeré.
PROFESOR: Es lo menos que puedes hacer. Ahora retírate.


E X E U N T

Con Sabato pasa lo mismo que con Rulfo. Una vez que uno comienza a leerlos, corre un altísimo riesgo de querer leer todo lo que nos dejaron. En ese momento uno piensa en el impacto que ello conlleva a la economía personal: saltarse comidas, pedir los jaiboles con ron del económico, prescindir de parte del equipo de guardaespaldas, no más yates... Todo con tal de poder hacerse de la obra completa del autor. Afortunada y desafortunadamente, dejaron muy pocas obras (al menos en narrativa) y por tanto uno puede fácilmente leer todo lo que escribieron. Todo.

Les recomiendo ahorrar tiempo y comprar de una buena vez los tres volúmenes si están en la librería. Caso contrario, compren el que encuentren, pero procuren leerlos en el orden descrito arriba ya que aunque son historias independientes, hay personajes que reaparecen o historias a las que se hace referencia. Con los riesgos de rigor, para escribir esta reseña me leí los incipits de los tres volúmenes. Es difícil leer las primeras páginas y regresarlos al estante. Lo hago porque tengo en manos varios a medias, pero no por mucho tiempo... 

Hasta la próxima entrega.

lunes, 19 de enero de 2015

Libros: Ciudades Desiertas (José Agustín)

Ciudades desiertas
de José Agustín
(ediciones varias)

A José Agustín llegué por una de las vías más eficaces cuando uno no sabe qué leer: por una antología. Como hemos dicho antes, cuando nuestro juicio no alcanza para decidir qué comprar en la librería, hay que explotar a la gente que dedicó tiempo a elegir autores y textos para publicar una antología. En este caso, leí el cuento "Cuál es la onda" que pueden encontrar en El cuento hispanoamericano, antología de Seymour Menton (publicada por el F.C.E. y que pueden buscar aquí).

Esa antología la tenía en el librero desde la preparatoria (es decir, hace más de diez años) porque una sabia maestra de literatura nos conminó a leerla. Recuerdo que en clases no pasé de los primeros textos, cerré el libro y al librero. Seguramente más de uno de ustedes habrá hecho lo mismo. Una pena. Y es que los textos que ahora me parecen más disfrutables de esa colección están de la mitad del libro en adelante. Allí encuentran a gente como Juan Rulfo, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Jorge Luis Borges, Horacio Quiroga, entre muchos. Al leer el cuento de José Agustín, ocurrió lo esperable: es algo tan extraño que de inmediato quise buscar más libros suyos (esta sensación de extrañeza, por cierto, sólo la recuerdo con un cuento de otro mexicano: Relato de espantos en tierra nevada, de Francisco Hinojosa, completamente alucinante). Desafortunadamente, era demasiado tarde. Tuve que esperar hasta el otro día.

Así, la primera novela que encontré y leí fue Ciudades Desiertas. Lo que diré no tiene nada de original, pero simplemente no pude dejarla hasta terminarla. Y así ocurre con muchos (casi todos) de sus libros. Pueden seguirse con la clásica La Tumba, o De Perfil, o Dos horas de sol, o las colecciones de cuentos... Todo es magnífico. Juan Villoro llamó a De Perfil "la insólita capacidad de patentar lectores". Los que leen a José Agustín están condenados a dedicar una parte no desdeñable de sus magros ingresos a comprar más y más libros... Podríamos llamarlo la maldición de José Agustín.

Comiencen por la que quieran de sus novelas. Hay ediciones por doquier y los siguen editando, por lo que lo encontrarán en las librerías de prestigio y en las de viejo. Y en lo que compran un volumen, desempolven la antología de Seymour Menton (que seguramente les pidieron en la prepa) o corran a comprarla a su librería de confianza.

Hasta la siguiente entrega (que prometemos será de cine).

domingo, 11 de enero de 2015

Libros: Pantaleón y las visitadoras (Vargas Llosa)

Pantaleón y las visitadoras
de Mario Vargas Llosa
(ediciones varias)

Qué mejor manera de comenzar el año que leyendo algo del doctor Vargas Llosa. Y de paso, celebrar que este foro plural e incluyente cumple un año sin haberse ido aún al albañal, ¡y con más de 2500 visitas!

Sí, hace cerca de un año, a solicitud de un grupo de señoras de sociedad que incluía a la Cuquis Gallardo, la Beba Martínez y la Nena Jiménez, comenzamos la ardua tarea de publicar reseñas para compartir nuestros prejuicios literarios con el respetable público, a fin de que idealmente éste los hiciera suyos. Los comentarios que de manera esporádica aparecen en la sección correspondiente son señal de que nuestra labor no ha sido del todo infructuosa. Esperamos tener cada vez más lectores, colaboradores y comentadores; pero sobre todo esperamos que las recomendaciones se conviertan lecturas y al menos algunas de ellas en autores preferidos.

Al grano pues. Hemos recomendado ya a algunos de los monstruos de la literatura latinoamericana (como Borges, Cortázar, Bioy Casares y Onetti) y hay algunos otros que tenemos programados para este año (como Fuentes, Donoso, Sabato y José Agustín). Comenzaremos el año con el primer libro que leí de Vargas Llosa. Varios de mis maestos (sí, maestos) me lo habían recomendado, por lo que antes de leerlo ya contaba con un pequeño inventario con los títulos de los que me pude hacer en las librerías de viejo (aunque riesgosa, esta práctica suele dar resultados bastante felices). Me había comprado La ciudad y los perros (que tengo entendido que fue su primer novela), dos colecciones de relatos (Los jefes y Los cachorros) y el libro que motiva esta entrada: Pantaleón y las visitadoras. Los tuve en lista de espera mucho tiempo hasta que me decidí a leerlo. Valió la pena.

Son pocos los autores con los que uno puede reir hasta el llanto (literalmente) o hasta escupir lo que estaba bebiendo. Entre los que a mí me han producido este efecto se encuentran algunos relatos de Calvino (en especial Las cosmicómicas), algunos relatos de Lem (en especial La Ciberíada) y novelas como La conjura de los necios (de Kennedy Toole) y las obras de teatro de Alan Ayckbourn y de Eugéne Ionesco. Y Pantaleón y las visitadoras.

La trama se expone muy al inicio de la novela: a un militar de entereza ejemplar se le encomienda la difícil labor de instrumentar una estrategia para sofrenar los ímpetus carnales del personal castrense. La historia está maravillosamente armada y los múltiples registros en los que se materializa el relato son simplemente para morirse de risa. Y después quedar prendado permanentemente de la escritura de Vargas Llosa. Y si este libro les gusta, prepárense, porque lo mejor estará por venir una vez que comiencen a abordar sus otras novelas.

Tengo pendiente la lectura de La Guerra del Fin del Mundo, que originalmente me recomendó Xavier Velasco (con lo cual decidí comprarlo) y después me recordó Ana María Méndez (con lo cual he decidido no dejar pasar más de un mes para por fin leerlo). A raíz de que Vargas Llosa ganó el premio Nobel, se han reeditado sus libros, por lo que pueden conseguirse con facilidad en las librerías de nuevo y de viejo. Léanlo. Les garantizo que no se arrepentirán.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Libros: El maestro de Petersburgo (Coetzee)

El maestro de Petersburgo
de J.M. Coetzee
(Ed. Mondadori o Debolsillo)

Todas las recomendaciones que he publicado en este foro han sido de películas que he visto, libros que he leído o lugares en los que he comido. Por esta vez (y tal vez no sea la última), haré una excepción. Esta vez recomendaré un libro que no he leído.

No son muchos los autores a los que recomendaría a ciegas. En general hay libros que me gustan más y otros que no tanto de cada escritor. Entre los autores de los que no dudaría en recomendar lo que sea que hayan escrito, están por supuesto Calvino, Lem, Bioy Casares, Dostoievsky, Tabucchi, y naturalmente John Maxwell Coetzee (pronúnciese Kutzía).

Tuve la fortuna de ver en persona a Coetzee poco tiempo antes de que recibiera el Premio Nobel de literatura. No recuerdo el año, pero en la Ciudad de México se llevaba a cabo un foro sobre la novela, organizado por Carlos Fuentes y en el que había invitados como Gabriel García Marquez, José Saramago, Nélida Piñón entre otros. Fue una fortuna poder escucharlo leer algunos fragmentos de algunas de sus obras. Y aunque me pareció interesante, no comencé a leerlo sino hasta que alguien cuyo nombre no diré me regaló En medio de ninguna parte. Libro inquietante al que sugiero no se aproximen a menos que estén dispuestos a dedicar gran parte de sus futuros ingresos a libros de este buen hombre.

Después de ese libro, he procurado tener siempre al menos un título suyo de reserva para leer más tarde (aunque no dura en la reserva mucho tiempo). Recomendaría sin dudarlo un momento Elizabeth Costello (para los duros de estómago), Desgracia (sólo si quieren leer algo francamente aterrador), La edad de hierro (magnífico), Vida y tiempos de Michael K (maravilloso), Esperando a los Bárbaros (terriblemente aterrador, pero no lo podrán dejar), Diario de un año malo (un verdadero tour de force)...

Por eso aunque no he leído El Maestro de Petersburgo, cuyo protagonista es nadie menos que El maestro de Petersburgo, lo recomiendo con la garantía de reponer en su totalidad lo que gasten en este libro si lo compran, lo leen y no les gusta. O ya que estamos en esas, si no han leído a Coetzee, lean lo que sea de él. Por lo pronto, yo me apresuraré a terminar lo que tengo a medias para abordar este libro (que naturalmente tengo en la reserva).

Hasta la siguiente entrega.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Libros: El hombre que amaba a los perros (Padura)

El hombre que amaba a los perros
de Leonardo Padura
Ed. Tusquets (varias colecciones)

Nos llena de regocijo tener en este foro una reseña invitada nada menos que de un gran autor contemporáneo: Carlos Martín Briceño. Para quienes no le hayan leído aún, son imprescindibles sus colecciones de cuentos en Ed. Ficticia. Todas. De manera particular Caída libre, que fue la primera que leí y que me ha hecho buscar cuanto de él haya. Les dejamos con su reseña, que estoy seguro les hará correr a buscar el libro, como en su momento lo hizo el Dr. Villa, gran lector de Padura.

Era todavía un niño cuando oí hablar por primera vez del asesinato de León Trotski. “Le destrozaron el cráneo con un piolet”, había dicho mi tío Jorge en una de esas sobremesas navideñas en que el amanecer suele sorprender a los comensales en charlas interminables. Y aunque en ese momento no tenía la menor idea de quién era Trotski – y mucho menos de lo que era un piolet -, la frase se me quedó grabada en el cerebro durante algún tiempo.

Más tarde supe que Trotski había sido, junto con Lenin, uno de los de los organizadores clave de la Revolución de Octubre que derrocó a los zares en 1917, que un piolet era un instrumento de metal utilizado frecuentemente por los alpinistas, y que dicho crimen ocurrió en México en 1940, una época en que yo ni siquiera había nacido: un tiempo de guerras durante el cual –mientras que el mundo se enfrentaba al nazismo - Stalin ejecutaba contra su propio pueblo uno de los genocidios más perversos del siglo XX.

Cuento esto a propósito del libro que recién acabo de terminar de  leer, El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura, para mi gusto la mejor novela que ha escrito hasta ahora este narrador cubano, famoso en todo el mundo por su exitosa serie de novelas policíacas protagonizadas por su alter ego, el detective Mario Conde.

Ambicioso desde cualquier ámbito que se le mire, el libro narra tres historias que se alternan y entrecruzan a causa del cariño que sus tres protagonistas - León Trotski, Ramón Mercader e Iván Cárdenas - manifiestan por los canes.

Con una fluidez poco común en la novela histórica actual, Padura nos acerca magistralmente a la vida de Trotski en el exilio (Turquía, Francia, Noruega y finalmente México); a la transformación del soldado republicano español Ramón Mercader en el brazo vengativo de Stalin; y a la angustia de Iván Cárdenas, escritor cubano frustrado, quien se encuentra en la playa con un Ramón Mercader viejo e infectado de cáncer, cuyo sentimiento de culpa sólo halla alivio en la confesión minuciosa de su crimen.

Lo sorprendente en El hombre que amaba a los perros, no es lo que Padura cuenta (casi todos los datos concernientes a la vida de Trotski, justo es decirlo, fueron tomados de los libros de Isaac Deutscher) sino cómo lo cuenta. A lo largo de sus 573 páginas, con una tensión dramática excepcional, el autor – quien recibiera recientemente el premio Roger Caillois de literatura latinoamericana – consigue que el lector no suelte el libro, literalmente, ni siquiera para dormir.

Dicen los expertos que, a pesar del auge de la novela histórica, fabular el pasado no es cosa fácil. Sobre todo cuando el tema a tratar se ha vuelto tan de sobra conocido que es capaz de surgir en cualquier sobremesa. Con este trabajo Padura, por fortuna, rebasa con creces las expectativas del lector más exigente.


El hombre que amaba a los perros es, sin duda, una excelente opción en estos tiempos. Máxime porque en México pareciera que aún no aprendemos del pasado y muchas veces añoramos el regreso de los regímenes totalitarios.


Carlos Martín Briceño

domingo, 5 de octubre de 2014

Libros: El extranjero (Camus)

El extranjero
de Albert Camus
(ediciones varias)

En la línea establecida por nuestras últimas recomendaciones, esta vez hablaremos de una obra que pueden conseguir sin acabarse las suelas recorriendo librerías mal iluminadas y peor ventiladas.

En ocasión de la edición 2013 de las jornadas Neurociencias en Julio que se llevan a cabo anualmente en el Instituto de Neurociencias en Guadalajara, se organizó una charla con dos investigadores españoles reconocidos en el campo de la psicofisiología. Se trataba de un intercambio, como dirían Borges y Bioy Casares, un tanto desabrochado, más bien en pantoufles. Las preguntas salieron de lo tradicional y se enfocaron en las personas, más que en sus papeles de investigadores. No podía faltar la obligada pregunta que desde hace unos años es el coco de los políticos, a la vez que da una muy buena idea de cómo es alguien. Me refiero, naturalmente, a lo que podríamos llamar el Three Book Test, (o Prueba de los tres libros, para los no familiarizados con la lengua del bardo inmortal). ¿Cuáles son los tres libros que han marcado su vida? Preguntamos a los invitados. ¿Ustedes qué contestarían?

Ambos mencionaron clásicos de gran calado, y recuerdo que uno incluyó El extranjero de Camus. En ese momento pensé "Estoy frente a una persona seria, un caballero a carta cabal." Y es que creo que es difícil que alguien que ha leído a Camus no lo incluya entre los autores que le cambiaron la vida. Yo lo incluiría en mi lista, si lo hubiera leído.

No se crean. En realidad, confieso que lo he leído y por supuesto que lo incluyo. Pensé en describir la obra, pero encontré una cita que me parece maravillosa para alejar a aquellos a los que de por sí no les hubiera gustado, y hacer a los otos correr a comprar un ejemplar. Se trata del informe que en 1957 (poco después de que Camus recibiera el Nobel de literatura) la Comisión de Censura en España emitió para rechazar la solicitud de una editorial española para que El extranjero fuera traducido y publicado en España (antes de eso, sólo había ediciones argentinas que tampoco se podían importar a España). Cito:
Obra de un humanismo amargo, cuyo protagonista ignora todo cuanto signifique valor reconocido: la piedad filial, asistiendo insensible al entierro de su madre; la decencia más elemental, trabando relaciones sexuales con la indiferencia con que se hace una acción cualquiera; con la misma indiferencia llega hasta el homicidio; y con entera despreocupación, que casi es desprecio, pasa luego ante la autoridad que le instruye juicio o ante el sacerdote que le requiere para que se ocupe de su fin. De esta forma, el relato se convierte en un ejemplo perfectamente amoral que como no deja de presentarse a la luz de una cierta entereza humana, fácilmente puede servir de contagio al lector, y ser entonces la lección más solapada pero también la más eficaz de una inmoralidad absoluta. NO DEBE AUTORIZARSE.
(Fuente de la cita)

Decidan ustedes si lo leen. Si les gusta, lo comentamos.

Hasta la próxima entrega.

martes, 30 de septiembre de 2014

Libros: La broma (Kundera)

La broma
de Milan Kundera
ed. Seix Barral o Tusquets

Este es uno de los autores cuya ausencia en el foro era reprochable. Hasta hoy. Afortunadamente, era inevitable que habláramos de Milan Kundera (pronúnciese Mílan Kúndera)  en estos días, dado que acaba de aparecer su nueva novela y uno no puede salir a la calle sin literalmente tropezar con pilas de ejemplares en cuanta librería visite a lo largo del día.

Si no me equivoco, Kundera fue el primer autor del que quise leer todo lo que había escrito (lo cual sigue siendo un pendiente en mis propósitos para cada año nuevo). Como a más de uno, el primer libro que me recomendaron fue La insoportable levedad del ser (que tiene una adaptación al cine con la rescatable actuación de Juliette Binoche y Daniel Day Lewis). Me gustó mucho. Seguí con La inmortalidad, en la que el autor busca hacer algo que no pueda adaptarse al cine y lo logra maravillosamente. Busqué más. Y fue después de leer la primer novela del autor, La Broma, que decidí adoptarlo.

El argumento central es simple: alguien hace una broma. Pero la hace a la persona equivocada, en el lugar equivocado, en el momento histórico equivocado. El tema es recurrente en las novelas de Kundera, y es que le tocó vivir en un país y en un momento en el que el humor se veía como algo que había que erradicar. Sus obras fueron prohibidas largo tiempo, decidió exiliarse en Francia y se le retiró la nacionalidad checa. No sé si lo dice en esa novela o en otra, pero la idea es que el humor es peligroso (para muchos) porque relativiza lo que juzgamos sagrado. Contextos en los que se ha decidido prescindir del humor ha habido muchos: como muestra recuérdense la escena del chiste en el refectorio de La vida de los otros (de Henckel von Donnersmarck), las consecuencias de la publicación de Los versos satánicos (de Salman Rushdie) o el manuscrito buscado en El nombre de la rosa (de Umberto Eco). Los poderosos (Estado o Iglesia) no toleran el humor, o fingen tolerarlo porque reaccionar los pone en desventaja.

La obra de Kundera puede dividirse en tres grandes grupos (todos son recomendables): 
  • las novelas largas (publicadas originalmente en checo, que incluyen La Broma, La Despedida, La Insoportable levedad del Ser, La inmortalidad, El libro de la risa y el olvido, La vida está en otra parte),
  • los ensayos (Los testamentos traicionados, El arte de la novela, El telón, Un encuentro), y
  • las novelas cortas (al igual que los ensayos, escritas directamente en francés: La lentitud, La identidad, La ignorancia, y la más reciente La fiesta de la insignificancia),
  • y una obra de teatro que es un homenaje a Diderot (basada en la más que recomendable e increíble Jacques el fatalista, de Diderot).

Léanlo todo, no se arrepentirán. Y los ensayos son una inagotable fuente de recomendaciones literarias, para que dejen de consultar foros de dudosa calidad moral.

Hasta la siguiente entrega.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Libros: El proceso (Kafka)

El proceso
de Franz Kafka
(ediciones varias)

Hasta la redacción de este foro nos llega la siguiente carta:
Estimados foristas, por un feliz accidente llegamos hasta su página y hemos encontrado algunas recomendaciones que no nos parecen indignas de ser consideradas. Sin embargo, a veces los libros que sugieren son difíciles de encontrar en estos lugares tan olvidados de la mano de Dios en los que hay más oxxos que librerías. Recomienden más libros que se puedan conseguir sin tener que hacer una expedición allende el periférico neovalladolidense. Su amigo, José L.
Somos sensibles al sentir de los dos lectores de los que tenemos noticia, y eso nos lleva a la recomendación de esta semana: un volumen que además de que no herirá irreparablemente su bolsillo, sí puede tener un impacto duradero en su amor por la literatura. Como más de uno habrá adivinado, nos referimos a El Proceso, de Franz Kafka.

Muchos comenzamos a leer a Kafka a través de La metamorfosis, y desafortunadamente, más de uno no la termina y muchos no leen algo más. Si no lo han leído, no me parece mala idea comenzar por allí, pero yo sugeriría mejor comenzar por las novelas grandes: El proceso, El castillo y El desaparecido (a veces publicada como América), o los relatos cortos (hay varias colecciones). Aunque no lo hayan leído, seguramente han escuchado el adjetivo "kafkiano" (es interesante la colección de adjetivos que usamos a partir de autores a los que muchas veces no conocemos: kafkiano, maquiavélico, cervantino, moroso, sabatino, grassoso, etc.) en referencia a una situación relacionada con trámites burocráticos o escenarios de plano surrealistas.

Usaré la consigna que habrán leído aquí frecuentemente: ¿quieren leer algo intenso? Lean a Kafka. La trama de El Proceso es muy sencilla (al menos en apariencia): un día le informaron a Josef K. que alguien le había denunciado, pero no le dijeron por qué. Así inicia el proceso. Puedo asegurarles que comenzando a leerlo no podrán dejarlo, y si la inquietud que les deja no les deja dormir, pues se siguen con las otras dos novelas. Y luego los cuentos.

Antes de morir, Kafka dejó una lista de aquellos de sus libros que podían seguir publicándose después de su muerte y los que no (además de instrucciones muy precisas sobre la destrucción de los manuscritos no publicados). Gracias a que el encargado de cumplir su voluntad le traicionó, llega hasta nosotros la obra de este genio. Tema para una amplia discusión. Es uno de los casos que inspiran Los testamentos traicionados de Kundera (también lo tienen que leer). Por lo pronto, sugiero que dejen lo que estén haciendo y acudan con su librero de confianza y le ofrezcan dinero a cambio de este libro de Kafka. 

Hay un sinfin de ediciones, de las cuales la que más recomiendo es la de Alianza (no es especialmente cara y la traducción está muy cuidada). La de Galaxia Gutenberg es de las mejores (aunque por la friolera de 50 euros, es sólo para gente muy elegante y distinguida). Y aunque la de Porrúa no es la mejor traducción, el prólogo de Milan Kundera lo compensa con creces. En fin, opciones para todos los bolsillos y en todas las librerías.

Hasta la próxima entrega,

martes, 12 de agosto de 2014

Libros: Jerusalén (Tavares)

Jerusalén
de Gonçalo M. Tavares
(ed. Almadía)

Hoy quisiera recomendarles Jerusalén, de Gonçalo M. Tavares (Luanda, Angola, 1970).


En este novela, el autor nos presenta una serie de personajes sin conexión aparente entre ellos, para, después, poco a poco, ir desvelando lo lazos improbables que los unen, por medio de acontecimientos fortuitos en apariencia. Eso es sólo la anécdota. Hay que leerlo para que descubrir la manera en la que nos la cuenta.  

martes, 17 de junio de 2014

Libros: La vida instrucciones de uso (Perec)

La vida instrucciones de uso
de Georges Perec
ed. Anagrama (colecciones Panorama de narrativas o Compactos)

Se acercan las vacaciones. Se acercan las vacaciones y seguramente más de uno se pregunta ¿qué leeré? ¿cómo puedo elegir un libro que tenga una buena relación costo/contenido para que no afecte de manera irreversible mi bolsillo? ¿debo comprar varios libros o sólo uno para sobrevivir estas semanas?

Si éste es su caso, está usted en el lugar adecuado. Y Perec es la respuesta.

Desafortunadamente, en nuestro contexto Georges Perec es menos conocido de lo que debería. Ícono de la literatura francesa moderna (más bien de la literatura universal del siglo XX), Perec nos presenta esto. Un verdadero monumento. Me recuerda a los relatos de Jorge Luis Borges que por fuera miden unas pocas páginas pero por dentro son bibliotecas. Imaginen eso, pero ahora con una obra de poco más de 600 páginas.

La novela está construida a partir de un tejido con las historias de los habitantes de un edificio que si no me equivoco se sitúa en París (si me equivoco, se sitúa en otro lado). La construcción ha sido tema de no pocos ensayos, como ocurre con prácticamente toda la obra de Perec. Para quienes no lo conocen, Perec formó parte del subterráneamente célebre Taller de Literatura Potencial (OuLiPo) al lado de Italo Calvino y Raymond Queneau entre otros. Este grupo buscaba explorar las posibilidades internas de la literatura que se auto-restringe por fuera. Ejemplos imprescindibles de los productos de este grupo son El castillo de los destinos cruzados de Calvino y los intraducibles Exercices de Style de Queneau, además de los famosos lipogramas (ante cuyos traductores me quito el sombrero) del mismo Perec.

Este es un libro monstruosa, obscenamente bueno. Y no hay razón para temer a la extensión ya que es una novela hecha con pequeñas novelas. Si lo leen, estoy seguro de que no se arrepentirán. Si no lo hacen, jamás sabrán de qué se están perdiendo, y por lo tanto podrán continuar su vida como si nada.

viernes, 23 de mayo de 2014

Libros: La conjura de los necios (Toole)

La conjura de los necios
de John Kennedy Toole

Llegué por primera vez a esta joya gracias a que desatendiendo todos los cánones de preservación de las bibliotecas personales, me lo prestó el psicólogo A.E. Huerta. Si mal no recuerdo, sus palabras fueron más o menos las siguientes: "lo tienes que leer". Hice caso de su sabio consejo y desde entonces no hago sino citarle cuando recomiendo este libro a alguien.

Esta novela tiene una historia curiosa que quien la editó por primera vez narra en la introducción: una mujer le entregó el manuscrito de su hijo muerto y le dijo que era muy bueno, que tenía que leerlo. El editor tenía muchas reservas que incluían el miedo a que el libro no fuera lo suficientemente malo como para poder dejarlo después de las primeras páginas. La posibilidad de que fuera bueno ni siquiera la contemplaba. Pero ¡oh sorpresa!...

Lo tienen que leer (Huerta, 2006). Hay una edición en Anagrama que se consigue fácilmente y que no herirá significativamente sus bolsillos. Baste decir que todas las personas a las que prácticamente he obligado a comprarlo aún me hablan, lo cual no puedo decir de todos a los que he recomendado otros libros... Hace tiempo que no lo leía, pero recientemente lo recomendó Pablo Boullosa, de La Dichosa Palabra y creo que compartimos el gusto por esta obra magna de la literatura contemporánea. No dejen de leerlo. Lo pueden buscar aquí.

Referencias
Huerta, A.E. (2006). Comentario personal.

domingo, 30 de marzo de 2014

Libros: La soledad de los números primos (Giordano)

La soledad de los números primos
de Paolo Giordano
ed. Salamandra

No es frecuente que aquí recomendemos libros de reciente publicación, pero esta vez haremos una excepción que nos parece no del todo injustificada.

Este libro lo leí por recomendación de uno de mis maestros, el psicólogo, poeta y gran lector J.E. Álvarez Alcántara. Una recomendación suya es una recomendación garantizada para aquellos a quienes nos gustan las cosas que él recomienda. Le pregunté sobre algún libro en la línea de El curioso incidente del perro a medianoche, y me recomendó este título y otro de Eva Hornung que aún tengo en la lista de pendientes. El primer libro que J.E. me recomendó, hace casi veinte años, fue el de El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (lo pueden buscar aquí) y desde que lo leí no dejo de recomendarlo a cuanta persona me encuentro.

Recién terminé de leer este libro y lo recomiendo sin ambages. Tiene pocos años de publicado, por lo que no será fácil que encuentren una copia usada, pero aunque tengan que pagar por un ejemplar nuevo, vale mucho la pena. He leído pocas cosas tan angustiantes como los primeros capítulos de este libro. Está inquietantemente bien escrito. Invitaremos a J.E. a que nos deleite con algunas recomendaciones en este foro. Hasta la próxima entrega.

Cine: Fitzcarraldo (Herzog)

Fitzcarraldo de Werner Herzog "Deberían internarme en un psiquiátrico. Deberían impedirme hacer más películas". Según la leyen...